Pablo Picasso dijo en más de una ocasión: “Todo lo que puedas imaginar es real”. Esta afirmación puede sonar a locura si consideramos que la pronunció un artista que dormía sobre su pincel, menos horas al día que el resto de los mortales. Pero no es descabellado, es una frase que empiezas a entender cuando te acercas al mundo salvaje de África, un continente tan mágico como seco, tan rico como pobre, tan distinto a todo lo que has visto, que es necesario asimilarlo poco a poco.

Hay aviones que aterrizan más allá de las vacaciones, el descanso y el turismo de cámara cara. Si este verano necesitas enriquecerte con la naturaleza más pura, sigue leyendo porque África austral es un destino perfecto para cambiarte la vida. El recorrido pasa por Botswana hasta llegar a Cataratas Victoria (Zimbabwe), pero no se centra únicamente en estos dos lugares, el camino es lo más sorprendente. La noche a la intemperie bajo las estrellas del salar del Kalahari, los paseos por del Delta del Okavango o la cultura de los San (bosquimanos) contada por ellos mismos.

Sans

Antes de visitar las Cataratas Victoria, la aventura pasa por Moremi, Savuti y Chobe, lugares que albergan desde cebras hasta impalas o leones que se reúnen en torno a una poza interminable donde miles de especies van a beber y a refrescarse. Allí los elefantes pasan a menos de un metro de los 4×4 y se exhiben como reyes a los que perturbas su cómoda estancia, aunque no sea tu intención. Durante los safáris fotográficos, tanto en barca como en avioneta o en 4×4, apreciarás los mil colores que caben en un pájaro diminuto, la majestuosidad de la naturaleza y el auténtico valor de la libertad.

En esta parte del hemisferio sur se aprende a escuchar. En primer lugar, porque es mejor mantenerse en silencio ante la amenaza de un leopardo, pero también para respirar con tranquilidad la paz de la sabana. Te sentirás parte de sus historias sobre cazadores furtivos, rinocerontes y deportes de riesgo, todas ellas escenificadas alrededor de una hoguera que se enciende para beber licor de Amarula y calmar el frío. Sí, en verano hace frío, de hecho, cuando cae el sol hay una diferencia de más de diez grados entre la noche y el día.

Suricatos

Tanto la gente que viaja en tu mismo grupo como los habitantes de las distintas zonas que pisas son transparentes por dentro y se les nota en la cara una mezcla entre humor, astucia y bondad. Seguro que te invitan a que vuelvas cuando quieras, como si supieran que África engancha y, en cuanto te vayas, echarás de menos su olor y su luz a cualquier hora del día, sobre todo al atardecer.

Ahora cierra los ojos e imagina que te encuentras en la cumbre de un baobab plagado de leyendas y, al bajar del árbol, recorres un desierto en el que habita un hombre cuya máxima preocupación es cuidar de su colonia de suricatos. Cuando vuelvas a abrir los ojos no sabrás si formas parte del clan de El Rey León o si eres la reencarnación del mismísimo Principito. ¿El decorado? Los árboles de Maléfica, que le dan un toque negro, marrón y amarillo al cuento. Sin olvidar la guinda del viaje, sobre volar las Cataratas Victoria en un helicóptero que, al fin y al cabo, no tiene nada que envidiarle a las alfombras mágicas.

Vic Falls

Este viaje se titula “Ruta del Río Perdido”, una propuesta que ofrecen agencias de viaje como Kananga, pero también se puede acceder a través de agencias que colaboran con ella como Catai Tours. Además de este viaje, existen otras rutas centradas en el sur de África que tienen ofertas en esta zona. Elige el viaje que más se adapte a ti, disfrútalo y cuando te pregunten cómo te lo pasaste, si viste muchos animales, cómo vive la gente allí o si hay mucha pobreza, no sabrás qué contestar. Solo podrás decir que es una experiencia increíble imposible de describir porque cualquier palabra sabe a poco. Para entenderlo, ¡es necesario vivirlo!

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Fotografía por Eugenia Soler.