Una maleta dice mucho de la persona que la lleva. Elegimos los pendientes, los cinturones y los anillos en función de la moda y la comodidad, pero no nos paramos a pensar en la utilidad real que tienen estos complementos. El caso de una maleta es diferente, se trata del medio de transporte que utilizan nuestros objetos más preciados para acompañarnos hasta el fin del mundo y, en la mayoría de casos, tiene un vínculo emocional con la persona que la lleva. Es posible que suene exagerado, pero al adentrarnos en la historia de grandes marcas de maletas como Samsonite, descubrimos que su evolución está ligada a las distintas fases vitales por las que ha pasado el ser humano.

El emblemático hotel The Westin Palace se ha unido al equipaje de Samsonite para recrear cada una de las décadas que han transcurrido desde 1910 hasta la actualidad. El hotel y la marca han cumplido un siglo, cien años que asociamos al cambio, tanto en el estilo como en la forma de vida. Es más, la rapidez a la que se mueve la información también acelera a las personas, por muy sibaritas que sean. El perfil del huésped del Palace hace 50 años era una figura elegante que entraba por la puerta principal con aires majestuosos y un séquito de ayudantes para llevar sus pertenencias. Hemos pasado de llevar “todo lo posible” a conformarnos con “lo justo” bajo la única condición de que tenga el tamaño perfecto para que quepa el ordenador y sirva, al mismo tiempo, como equipaje de mano. Es la estética de las relaciones sociales frente a la comodidad y el negocio que se respira en el siglo XXI.

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Es una fusión transformada en arte, una exposición que hace que el clima impecable de The Westin Palace brille. Las lámparas con velas, el suelo de mármol, la luz que se filtra por la vidriera de su cúpula central, sus sillones de terciopelo y el jazz de fondo se complementan con las diez vitrinas que rodean la sala principal. Cada una de ellas nos recuerda 10 años de nuestra historia. Empezando por 1910, cuando la espía Mata Hari tuvo que desaparecer del hotel porque la habían descubierto, pasando por los felices años 20 que transcurrieron entre la música de Gardel y progreso de Einstein. Hasta que llegó el caos de la Guerra civil y el hotel tuvo que transformarse en hospital militar.

El auge del periodismo de 1940 atrajo a huéspedes que prácticamente vivían allí como Julio Camba. Un ambiente romántico que dejó paso al glamour de los 50 y 60, la época clave porque la expansión del transporte aéreo revolucionó por completo los modelos de Samsonite. Pero la auténtica revolución llegó durante los siguientes diez años, cuando las ruedas se incorporaron por primera vez al equipaje mientras el movimiento hippy seguía floreciendo. Las fiestas de la movida madrileña fueron la guinda de los 80, hasta que el hotel se convirtió en un escenario idóneo para cerrar negocios. Ya entrado el siglo XXI, la moda de viajes se adaptó definitivamente al ritmo de las grandes ciudades.

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Paloma García, Relaciones Públicas del hotel, nos ha contado que las expectativas de esta exposición se están cumpliendo, pero no tienen previsto hacer otra porque no hay una agenda establecida. Simplemente, buscan algo original que llame la atención por ser diferente y por el cuidado que se emplea en cada detalle, siempre que encaje, claro está, con la filosofía del hotel. El resultado es una experiencia llena de magia que se puede disfrutar en el mismo hotel, totalmente gratis.

The Westin Palace y Samsonite han rescatado la historia y le ha dado cobijo. Porque… ¿de qué está compuesto un hotel si no es de las historias de todos los que han pasado por él? Esta exposición brinda por cada una de las pestañas que se han soplado entre sus paredes, por las intimidades que solo conoce el rincón más escondido del equipaje, los sueños y deseos de algo mejor. Miramos hacia atrás con admiración, una admiración creada, casi siempre, por la nostalgia. Muchas veces nos anclamos en el pasado porque el presente es momentáneo y el futuro suele asustar, pero en el fondo sabemos que lo mejor está por llegar.

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