Las prendas se ajustan a las personas del mismo modo que nosotros nos adaptamos a ellas. Los vestidos se pelean por ser la estrella de la noche, las faldas compiten para ocupar el  centro de las miradas y los pantalones se alían de día contra los jeans que no nos importa repetir. Al final, no es cuestión de tendencias, se trata de sentirse seguro de uno mismo, de escoger lo más adecuado al estado de ánimo, lo que más convence, lo que queremos transmitir… sabiendo lo que somos y lo que no.

Las prendas se merecen que las cuidemos porque son un reflejo de nosotros mismos. El problema es que las hemos convertido en trapos y se reducen a un porcentaje más de los comercios, caprichos pasajeros. Seguro que alguna vez te has visto desde fuera rebuscando en grandes capazos donde se amontona la ropa al azar como si, al cambiar de temporada, se deshiciera el hechizo.

Cada nueva temporada es un conjunto de prendas que tienen cierta armonía de colores, tejidos y corte, cuyo esplendor dura hasta que llega la siguiente colección. El calendario de la moda está dividido en primavera-verano (de enero a junio) y otoño-invierno (de julio a diciembre). Por este motivo, las distintas Semanas de la Moda se celebran en septiembre y en febrero, siempre anticipándose a cada temporada, porque el objetivo es exponer lo más novedoso.

Aunque nos cansemos de las modas, todos tenemos un conjunto que crece con nosotros. Depende de la calidad, que suele estar ligada al precio y de su éxito en ventas. La clave está en no comprar la camiseta, los pantalones o el vestido más representativo de la colección y tener cuidado con lo que se exhibe en los escaparates. Es decir, no es muy recomendable cambiar la dulzura extrema de los estampados de algodón de azúcar por las tachuelas roqueras y el tinte naranja, simplemente porque es enero y empieza la siguiente temporada.

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A raíz de este tipo de industria, han surgido ciertas normas: manuales de estilo, publicaciones en Redes Sociales que señalan cómo conjuntar “a la última”, consejos de revistas que definen lo que no debemos hacer: combinar rojo con rosa, marrón con negro o rayas con cuadros y lo que se supone que es correcto: llevar pamela solo cuando hay sol, tops brillantes en las fiestas y tacones altos los fines de semana. De largo en ocasiones especiales y de corto sí, pero siempre con cuidado.

Las tendencias pueden ser muy útiles para dar ideas, pero “ir a la moda” es copiar estereotipos que no decide uno mismo, mientras que “sentir pasión por la moda” es alejarse de las normas de estilo, marcar pautas personales y provocar sensaciones. Es concebir este arte como una parte permanente de la realidad, por contradictorio que parezca.