“¿Has llorado?”, preguntó ella. “No, pero he escuchado muchas canciones de Sinatra”, contestó él. Habrás reconocido este breve diálogo si eres fan incondicional de Sexo en Nueva York: Carrie y Big retomaban su tormentosa relación tras una ruptura en la que, mientras ella derramó mil lágrimas, él se sumió en una espiral de música melancólica.

¿Por qué nos sometemos a esa tortura, a esa sugestión melódico-depresiva, cuando lo que en realidad necesitamos es una buena dosis de serotonina, endorfina y demás hormonas optimistas terminadas en -ina? La respuesta va de más hormonas, pero un poco diferentes: cuando estamos tristes y escuchamos música acorde con nuestro pesar, segregamos prolactina, que sirve como calmante natural de la pena.

David Huron, un investigador de la Escuela Estatal de Música y Centro para la Ciencia Cognitiva de Ohio, llegó a esta conclusión hace ya tiempo. En la misma línea, la revista Frontiers in Psychology realizó una investigación con 44 participantes, a los que se les dio a escuchar 3 fragmentos distintos: La Séparation de Mikhail Glinka  (fa menor) , Sur Mer de Félix Blumenfeld (sol menor) y el Allegro de Concerto de Enrique Granados (do sostenido mayor).once-movie-of-the-week

Si controlas un poco de música, sabrás que los tonos menores son propios de las baladas y, en general, las melodías nostálgicas, mientras que los tonos mayores acompañan a temas dinámicos y alegres.  Los resultados demostraron que lo que transmite la música dista bastante de lo que perciben sus oyentes, quienes notaron romanticismo e incluso cierta alegría en las canciones tristes.

Aunque sus teorías han sido superadas por otras más modernas, resulta curioso que Sigmund Freud ya considerara que, para alcanzar una purificación emocional y mental, era necesario llevar a cabo el método catártico (inspirado en la idea de catarsis de Aristóteles). Según este, enfrentarse a recuerdos traumáticos es el medio idóneo para liberarse y mejorar el estado de ánimo del paciente.

Ahora ya sabes por qué Alex Ubago era tu compañero de rupturas a los quince años y por qué Wish You Where Here de Pink Floyd te anima mucho más que un recopilatorio de salsa cuando pasas varias semanas separada de tu novio. Va a ser verdad que un dramón en la tele, sofá, manta y una buena tarrina de helado son la mejor solución para nuestras desgracias.