Entrar en un museo es una experiencia estética muy intensa. Bueno, todo depende, si solo vas por la foto o para decir que has estado en la TATE Modern o en el Louvre y eres de lo más culto, con que te lleves la cámara es suficiente. Pero esto se complica si quieres profundizar en una colección o una obra, entonces, muy a tu pesar, tendrás que ira otro mostrador a por un aparato que te explique el simbolismo del Guernica con voz de operadora con resaca. No es cuestión de ponernos extremistas… a lo mejor eres un erudito del arte y no necesitas este servicio o contratas a un guía fantástico que sonríe a medias para parecerse a la Mona Lisa. 
La cara de perdición de los turistas, los bostezos de los niños o el hecho de que conozcamos mejor los museos de otras ciudades que los que tenemos a 10 metros, no son más que clichés. Además, ¿por qué lo primero que nos viene a la cabeza al pensar en museos es la National Gallery o Museo del PradoEstos lugares albergan el arte al que estamos acostumbrados, que no por ello deja de ser imprescindible, pero hay otro tipo de museos que tienen como bandera la diversión. ¿Sabías que existe un museo del espionaje? ¿Y uno de conejos de peluche? Sin olvidar nuestro máximo enemigo, el de las relaciones rotas. Centros culturales que exponen los objetos más curiosos que puedes imaginar. Y no solo eso, algunos también incluyen una experiencia sensitiva que te hace partícipe del propio espacio. 
Museo Espionaje Washington
 Por ejemplo, en el museo del espionaje (Washington, EE.UU) hay gafas que contienen una dosis letal de cianuro por si en algún momento hubiera que envenenar a alguien, zapatos que graban conversaciones de presidentes… solo falta el auténtico inspector Gadget escondido detrás de una capa de invisibilidad. Pero lo mejor es que al entrar en el museo te obligan a memorizar una identidad y al salir, un “medidor de sospechosos” te interroga. Pero si, ya que has entrado en esta dinámica, prefieres una temática estridente que roce la locura te recomendamos el museo del cabello femenino (Capadocia,Turquíaque cuenta con más de 16.000 mechones, ya que cada mujer que pasa por allí se queda un poco más calva.¿Asqueroso, verdad? Lo diferente está de moda y, poco a poco, si queremos ser tan abiertos como aparentamos, tendremos que aprender a normalizarlo y a quererlo.
Museo del Helado
 En el top 10 de los museos impensables está la novedad italiana de la ciudad Castelboscoun establecimiento donde se exponen excrementos de vaca y se muestra lo útil que es el estiércol ¡incluso para construir casas! Lo que te ahorras en cemento te lo gastarás en ambientadores de Zara Home pero bueno, es una opción. A este le sigue museo del orinal (San Rodrigo, Salamanca) donde descubrirás la historia de este recipiente de cerámica al que los griegos bautizaron como “amigo”, a lo mejor sufrían incontinencia aguda y no había salvaslips
Para no dejarte con mal sabor de boca, te ofrecemos otras opciones por si quieres salir del canon, empezando por el más peculiar de todos: el museo de los fideos instantáneos (Yokohama, Japón). Habrá pocos en exposición porque los japoneses pueden llegar a comer este plato día sí día también, pero te dan la opción de fabricar tus propios fideos y puedes elegir entre 5.420 combinaciones posibles. Como postre aconsejamos el museo de la historia, la cultura y la tecnología del helado (Bolonya, Italia) que cuenta con más de 20 máquinas originales, herramientas del oficio de épocas pasadas, entrevistas en vídeo, talleres y otros artilugios relacionados con este vicio veraniego ¡Eso sí, por si acaso abrígate!