Si dejo salir mi vista por la entrada de la cafetería Dellicare, en la madrileña calle Pelayo, a las 16:00 horas, un sol generoso se obceca con una puerta de madera verde bosque. Parece que sus tonos se retuercen, acalorados pero felices, como unas brasas que despiertan. Parecen bailar al son de una melodía chispeante, sobre un escenario experto marcado por las señales de los años.

Cuando María Isabel aparece, se siente sofocada por las altas temperaturas. “La gente se echa las manos a la cabeza cuando digo que me voy en verano a Cuba… ¡que hace mucho calor! Pues anda que aquí…”

Después de unos saludos protocolarios que ya me han hecho olvidar un poco el verde de la puerta, le explico la dinámica que va a seguir la entrevista. La actriz se muestra generosa, abierta a jugar con nosotros.

La primera vez que sus manos agarran la caja de cartón amarillo que hemos traído, sus dedos hormiguean chispeantes con la misma pasión que los verdes de la puerta. María Isabel es amable, divertida, dulce, emocional.

Mi vista ya no escapa por la puerta de la cafetería, la actriz cubana, quien interpreta a Soledad en la serie Vis a Vis (Antena 3), acapara toda mi atención. Ahora, son sus tonos los que bailan con el ímpetu de una persona que sabe ser feliz. Al ritmo de una comparsa o un cha cha chá, quizás.

A pesar de los ruidos de un Madrid ocioso (coches, motos, cafeteras impertinentes y conversaciones de dos), se construye un clima delicioso alrededor de la expresiva actriz. Mis sentidos se embelesan con el magnetismo de María Isabel. Y aunque aposté por el amarillo cuando planeé la entrevista, aunque suspiré por un verde al llegar al local, ahora descubro que este encuentro solo puede tener un color; un color que debería llamarse “María Isabel”.  

Entrevista por Víctor Barahona. Vídeo y fotos de Lisa Ceinos.