La paradoja quiso que un hombre ruso pintase uno de los retratos más completos de la sociedad americana de las décadas de los cuarenta y cincuenta. Hace sesenta años, Vladimir Nabokov creó un personaje demente pero poseedor de una ineludible simpatía, Humbert Humbert, quien, junto a su nínfula, se convirtió en el protagonista de Lolita.

Sobre Lolita se han hecho dos películas y cientos de análisis. Lo que no todo el mundo sabe es que Nabokov sentía adoración por Anabel Lee, el poema de Edgar Allan Poe, por lo que le dedicó varios guiños a lo largo de la historia.

El escritor se enamoró de su prima, Virginia Clemm. En aquella época no era raro que dos primos fueran pareja; su problema era la diferencia de edad. En mayo de 1836, él con 27 años y ella con 13, contrajeron matrimonio legalmente, si bien fue necesario falsificar el acta de nacimiento de la joven. Su amor duró hasta 1847, cuando Virginia murió de tuberculosis. Poe entró en una terrible depresión y escribió varias obras dedicadas a su difunta amada. Entre ellas se encuentra Annabel Lee.

“Yo era un niño y ella era una niña / en este reino junto al mar / pero nos amábamos con un amor que era más que amor / -yo y mi Annabel Lee- / con un amor que los ángeles sublimes del Paraíso / nos envidiaban a ella y a mí”, escribió Poe, incapaz de comprender por qué el destino había sido tan caprichoso con Virginia. A esos mismos ángeles culpó Humbert por su desgracia: “Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que los serafines, los mal informados e ingenuos serafines de majestuosas alas, envidiaron. Contemplad esta maraña de espinas”.

lolita

El primer amor del profesor francés, ese que desencadenó su obsesión por las nínfulas -ninfas de entre nueve y catorce años de naturaleza demoníaca- se llamaba Annabel, y la quiso en una playa al calor del verano. Igual que la frágil Virginia, Annabel falleció demasiado pronto, solo que a ella se la llevó el tifus en la isla de Corfú, dejando a un Humbert desconsolado e incompleto que dedicó su vida a la búsqueda de aquella niña. Y la encontró.

“¿Tuvo Lolita una precursora? Naturalmente que sí. En realidad, Lolita no hubiera podido existir para mí si un verano no hubiese amado a otra niña iniciática. En un principado junto al mar”. Lolita está reflejada en Annabel e inspirada en Virginia. Como Poe, Humbert se siente preso de un sentimiento prohibido.

La línea que separa la relación filial/fraternal de la sentimental es muy difusa en ambas parejas, otra similitud un tanto escabrosa entre ellas. Se dice que Poe llamaba a su mujer “Sissy” o “Sis”, un diminutivo cariñoso de “Sister” (hermana). Del mismo modo, Lolita solía referirse a Humbert como “papá”.

La gran diferencia entre las vivencias de Poe y Humbert reside en la correspondencia de sentimientos. Los biógrafos creen que el poeta y Virginia fueron una pareja feliz. Lo que había entre el profesor y la ninfa, sin embargo, no puede considerarse amor. Aunque algunas teorías justifican el comportamiento del viejo francés escudándose en que Lolita le utilizaba para obtener lo que quería, ¿tantas opciones tenía una huérfana de doce años que, para más inri, había caído en manos de alguien como él?

La respuesta a esta pregunta queda en manos del lector. Un lector que, en Lolita, viajará por el lirismo de Nabokov, por la exquisita caricaturización de una sociedad hipócrita y por las mil anécdotas de los sórdidos moteles de carretera en los que Humbert Humbert y Dolores Haze se corrompieron el uno al otro.