Nos despertamos con él todas las mañanas pero, si nos paramos a pensarlo, el café no es una bebida demasiado agradable. En realidad es una sustancia marrón y acuosa que de pequeños nos parece casi tan horrible como la cerveza. ¿Lo recuerdas? Lo tomábamos solo si era necesario, normalmente con el fin de parecer más interesantes o para estudiar durante los primeros exámenes, sin olvidar los cinco azucarillos y el medio tetra brik de leche con el que lo maquillábamos.

Esta época de “café a la fuerza” es complicada, pero pronto llega el bendito día en el que pruebas ese capuchino espumoso que sabe un poco a Cola-Cao y tiene un fondo a canela recién espolvoreada, entonces la cosa cambia. Este líquido despreciable empieza a formar parte de tu vida diaria, es más, se convierte en lo primero que ves al despertarte y, cuanto más adulto te haces, más amargo te gusta. Es todo un misterio que nos ocurre con casi todo, como el día que decidiste cambiar el chocolate Kinder por el Lind 80% cacao o el Nestea por el Gin Tonic.

Pasamos a la siguiente fase cuando lo convertimos en un hábito y empezamos a sentirnos atraídos por todas las cafeterías de la ciudad. El vicio se convierte en enamoramiento en cuanto lo asociamos a la cultura, a las tertulias y a la sobremesa. Por si esto fuera poco, es realmente complicado pasar de largo por delante de una cafetería que huele a vainilla desde la boca del metro.

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La Durée de Paris generalizó la tendencia a decorar los locales de forma que sean tan deliciosos como el café o sus famosos macarons. Ahora casi todas las cafeterías chic tienen más de un 50% de madera desgastada “sin querer” y casi el 100% de sillas desiguales, cada una de su padre y de su madre. Si te gusta esta forma de disfrutar el café, puedes probar suerte en el mercado de Colón de Valencia, donde igual te encuentras un sillón barroco con florituras que un taburete con forma de salero. Pero si lo que te apetece es explorar el mundo dulce y el salado, Wiché Café Bakery de Bilbao también tiene un estilo peculiar y exquisito.

Otro rasgo común de estos nuevos locales son las servilletas de papel de reciclaje, que se suman al ambiente turquesa (que no es lo mismo que azul) y blanco roto (que no es lo mismo que beige) y ¿por qué no? Alguna que otra bicicleta, que es signo de salud y limpieza, como sucede en La bicicleta café de Madrid. Aunque si quieres algo consistente para acompañar el café, Las Manolitas cupcake de Alicante es una de las cafeterías más recomendadas de España.

Nada nuevo bajo el sol, porque cuenta una leyenda del siglo IX que las primeras en experimentar con el café fueron unas cabras de Etiopía que pastaron al lado de unos arbustos de café y sufrieron insomnio eufórico… ¡Habrá que dejar de contar ovejas cuando no podemos dormir! De cualquier forma, según varias investigaciones de la Universidad de Barcelona y el Instituto de Investigaciones Biomédicas Pi i Sunyer, el café mejora el rendimiento en tareas de memoria a corto plazo, por eso un 90% de los europeos se toman un café todos los días y cada vez son más los que prefieren disfrutar de este placer en las cafeterías de moda más acogedoras.

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