Hace ni mucho ni poco tiempo, mi sobrina me recomendó “El libro de las cosas perdidas” de John Connolly y lo acepté sin más porque pensé que, si a la pequeña artista le había gustado, podía encajar conmigo perfectamente. Al rato averigüé que formaba parte de la sección de literatura infantil y que sus páginas versionaban los cuentos de los Hermanos Grimm de forma inteligente. Una delicia que, de no ser por ella, jamás habría descubierto. Es una realidad, los libros saben mejor si están personificados porque su naturaleza es viajar de mano en mano, de boca en boca, de país en país.

Al final del libro había una entrevista al autor, un tipo interesante, famoso por sus novelas negras de Charly Parker. Conolly desmentía el mito de la lectura como un acto solitario: cuando leemos estamos solos con nosotros mismos, pero las palabras amplían horizontes y crean vínculos entre las personas. Esta es una de las premisas del BookCrossing, un fenómeno que consiste en “liberar” los libros para compartirlos con otros. Yo soy la primera egoísta a la que le conmueve contemplar sus libros en la estantería por orden de tamaño pero, si queremos fomentar la lectura y alimentarnos de recomendaciones…¿qué mejor que hacerlo a través de algo tan romántico como el intercambio de libros?

Por medio de la Web de BookCrossing  puedes seguir el rastro de cada libro, saber qué lugares ha visitado, por qué manos ha pasado y qué ha significado para cada uno de sus dueños pasajeros. Es tan fácil como escoger un libro y, cuando hayas llegado a esa última página tan triste como placentera, pasas a la segunda fase: registrarlo en la Web y “liberarlo”. Sí, liberarlo es como decir que lo emancipas, que está listo para que otros lectores puedan disfrutar de él. No importa el tipo de libro que sea, de hecho, puede que crees tendencia con tus gustos literarios y conozcas a mucha gente con intereses comunes.

Este proyecto surgió en 2001, cuando Ron Hornbaker se fijó en sitios Web que siguen la pista de cámaras desechables o de algo tan efímero como el dinero. Empezó en EEUU y se ha expandido por todo el continente americano hasta llegar a España, Italia, Reino Unido, Canadá, Australia y otros lugares. Además de la página oficial, algunas ciudades y pueblos han creado alternativas para fomentar la lectura a pequeña escala por medio de páginas de Facebook. ¿Quieres convertir los parques, los bancos y los rincones de tu ciudad en una biblioteca gigante? Escoge la técnica que prefieras, aprende de lo que lees y contagia al mundo con tu imaginación.

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