Un hombre alto y trajeado se sujeta con firmeza a la barra del metro. Una mandíbula recia adorna sus labios carnosos y sus ojos profundos. Le ha cedido su asiento a una anciana y, no conforme, le ha ayudado con exquisito cuidado a colocar sus bolsas de la compra en el suelo. Te estás enamorando. Entonces, sonríe… y la magia se acaba. ¿Qué son esos dientes torcidos?

Por mucho que intentemos no juzgar a las personas por su aspecto, somos críticos, por naturaleza, con todo lo que vemos. Esas apreciaciones inconscientes se convierten, a veces, en obsesiones que unos aman y otros odian. Los dientes son una de ellas.

La mayoría de las personas entienden que el canon es lograr una sonrisa recta y reluciente. Pero no hay nada más subjetivo que la belleza: el diastema o, lo que es lo mismo, la separación de las paletas, simboliza la felicidad en Italia y, en varios países de África, se considera un rasgo de atracción y sexualidad. La modelo Georgia Jagger o la cantante Vanessa Paradis nacieron con él, mientras que algunos famosos, como el diseñador David Delfín, se provocaron la separación intencionadamente.

Los pies femeninos protagonizan las fantasías de muchos hombres. Humbert Humbert adoraba pintar las delicadas uñas de su querida Lolita. En China, este fetichismo se ha llevado al extremo hasta principios del siglo XX. El emperador Li Yu de la dinastía Tang inició, en el siglo VIII, la tradición de los pies de pétalos de loto o luna nueva. Li Yu ordenó a una cortesana que se vendase los pies para que adoptaran la curva de la luna nueva, y bailase sobre una gran flor de loto de oro que él había mandado construir. El emperador se enamoró de ella y, por ello, todas las mujeres quisieron imitarla. Hoy en día se asume que el vendaje, más que para embellecer, sirvió para retener a las mujeres en el hogar.

El pelo crea tanta controversia como los dientes y los pies. En cualquier farmacia puedes encontrar decenas de pastillas, champús y lociones para evitar su caída, pero los calvos se están haciendo hueco entre los más atractivos. Muchas mujeres sienten debilidad por las cabezas lisas y brillantes de Vin Diesel y Jason Statham, así como por las entradas de Jude Law.

Jennifer Grey, Baby en Dirty Dancing, fue víctima de la idolatría de las narices curiosas. Ella no nació con una nariz respingona y recta, sino aguileña, y por ello decidió operarse poco después de terminar de rodar el filme que la hizo famosa. Toda su vida se ha arrepentido de esta decisión porque en los castings a los que acudía buscaban la cara de la simpática joven que bailó con Patrick Swayze, y no la reconocían con su nuevo aspecto. Todo lo contrario le ha sucedido a Sarah Jessica Parker, que en seis años de Sexo en Nueva York convirtió su nariz larga y torcida en una seña de identidad.

Escena de Dirty Dancing

Escena de Dirty Dancing

Dientes, pelo, narices o pies son solo algunas de las manías que tenemos con respecto al aspecto físico, tanto en nosotros mismos como en los demás. Los paradigmas de belleza varían del mismo modo que lo hace la moda, la música y el arte. ¿Lo mejor? Apreciar tanto nuestros defectos tanto como nuestras cualidades porque pueden transformarse en un rasgo adorable.