El movimiento de sus manos resulta, como poco, hipnotizador. Casi tanto como el brillo de las copas que ocupan las mesas más cercanas. Las líneas curvas de uno de los sillones se funden y se confunden, formando una suerte de hojas anchas, llenas de nervios. Enfrente un sofá rojo empolvado espera paciente, mientras la mesa que hay entre ambos se va llenando poco a poco con libretas y grabadora.

Rubén Zamora, más conocido como Gato, nos espera en un cálido rincón del restaurante Éccola. El maquillador oficial de Maybelline New York ha hecho un hueco en su apretada agenda para hablar con nosotros de tendencias, trabajo y descubrirnos su lado más humano.

Tengo entendido que desde muy pequeño  estás vinculado al mundo de la pintura…

Sí, mi primera vocación fueron el dibujo y la pintura, empecé con clases a los cinco años y hasta  los 18 tenía clarísimo que quería hacer bellas artes. Al llegar a esa edad y terminar COU me di cuenta de que no quería seguir estudiando otros cinco años, que estaba ya preparado para empezar a vivir.

¿Cuándo decides que quieres dedicarte a la belleza?

Fue a los 12, cuando descubrí la moda. No las revistas y las pasarelas, sino la moda a nivel de expresión fotográfica. Me parecía que exponía a la mujer en su grado máximo de belleza, ya sea natural o sofisticada. Empecé a dibujar modelos, a intentar conseguir las luces de los grandes fotógrafos de aquella época, Helmut Newton, Cindy Sherman, Andrés Ramón… Ahí fue cuando me di cuenta de que la moda era la vocación y la pintura el medio para expresarla.

Gato manos

¿Había alguna vinculación con el mundo de la moda en tu familia?

No, pero mi madre fue muy buena psicóloga conmigo: me gustaba la pintura y rápidamente me apuntó a clases. Cuando se dio cuenta de que me gustaba la moda, me empezó a comprar las mejores revistas de moda que en esa época se podían conseguir.

Pero alguien guiaría tus primeros pasos…

Tuve al gran suerte de conocer al director de casting Felipe Gómez. Él me dio el teléfono de una agencia de maquilladores, fui allí y les dije que no tenía ningún tipo de experiencia, ni estudios de maquillaje. Ellos me dieron la oportunidad de asistir a maquilladores que en esa época y ahora siguen siendo renombrados y, poco a poco, fui aprendiendo de ellos. El haber venido de la pintura me hizo aprender rápido y empezar a hacer mis primeras editoriales.

¿Cómo recuerdas el comienzo?

Estuve un año en Madrid trabajando de ayudante, aunque hacía cosas por mi cuenta. Después me fui a Barcelona y empecé a trabajar como maquillador freelance. Un año después la agencia Storm  me dio la oportunidad de trabajar con ellos en su sucursal de Sudáfrica. Tenía la intención de irme a Nueva York, pero me sonaba tan bien Cape Town. Sonaba a playa, tenía 23 años, me iba con mi mejor amigo… Cuando llegué era invierno, y el clima muy frío, estaba lloviendo todo el tiempo, pero aprendí muchísimo. Aprendí a trabajar pieles negras, entonces en España no había tantas modelos de color como ahora. Descubrí cómo trabajar en la playa, algo complicadísimo. Primero porque los bronceados son de mentira. Tienes que broncear el cuerpo para que una modelo polaca que acaba de aterrizar parezca una surfera. Cuando le da la arena y se la quita, se quita también el bronceado. Añadir brillos, evitar que se escurran con el sudor… es un trabajo delicado que necesita una técnica especial.

Dejas África para trasladarte a otro continente.

De allí me fui a China. Las pieles orientales me parecieron siempre maravillosas. Mi intención era aprender a hacer maquillajes Kabukis, de Geisha, pero descubrí un mundo mucho más complicado y glamuroso. Cuando trabajas a piel de una chica española, la bronceas, sus ojos se ven más grandes y los dientes más blancos; si vas blanqueando la piel de una mujer oriental descubres la fineza de los rasgos, un color de labios  más bonito de lo que perecían un principio.

Portada

¿Puedes hablarnos de tu vuelta a Madrid?

Al volver me apetecía probar cosas diferentes. Fue entonces cuando tuve la oportunidad de trabajar en televisión, maquillando para Un paso adelante. El ritmo era totalmente diferente. Tenías que estar allí a las 6 de la mañana y todo el mundo te metía prisa. Yo estaba acostumbrado a emplear una hora en que la piel quedara bonita. En televisión se exige velocidad. Estuve una temporada,  y me di cuenta de que la televisión no era para mí. Al terminar me surgió la oportunidad de hacer cuatro óperas en el Teatro Real de Madrid.  Fue una experiencia maravillosa pero también descubrí que no era mi sitio. Fueron experiencias muy bonitas, pero lo que realmente me gustaba era la moda.

Poco tiempo después me ofrecieron ser el maquillador oficial de Max Factor. Además, en esos momentos se hacía en España X Factor y tenía que aparecer en todos los programas durante un minuto explicando tendencias de maquillaje. Aprendí a relacionarme con los medios, a comunicar, y descubrí un mundo que me fascinaba.

¿Cómo es tu trabajo en la Semana de la Moda de Nueva York?

Lo bueno y lo malo de Nueva York es que es la semana que abre al moda. Cualquier cosa que hagas se va a repetir en Londres, Milán y París, es la cuna de las tendencias. La parte mala es que todo son prisas. Dos días antes de los desfiles aterrizan en Nueva York. Allí el estilista y el diseñador te enseñan el mood board, donde puedes ver toda su línea de inspiración. Te explican sus ideas en peluquería y te preguntan cómo ves el maquillaje. Al final te das cuenta de que todo el mundo quiere una cara fresquita, pero siempre recomiendo añadir algo que diferencie los looks aunque sea un eyeliner extremadamente pequeñito, pero cuando la prensa te pregunte tengas algo que contarle.

Y en la Alta Costura de París, ¿hay más riesgo en los looks?

Si y no. Hace dos años empecé a hacer Alta Costura en París,  uno de mis sueños. Cuando estaban Galiano o McQueen si que se innovó en el maquillaje, pero ahora con Raf Simons, los diseñadores de Valentino o de Elie Saab no hacen maquillajes espectaculares. Son muy bonitos, de mujeres sofisticadas, pero que pueden valer para una presentadora en una noche de gala. Sin embargo en el Prêt-à-porter, tanto en Londres como París o Milán apuestan por maquillajes más arriesgados.

Maquillaje de Gato para Revista RománticaEste año Maybelline NY organizó en España el primer desfile de maquillaje y tú formaste parte de ese proyecto…

Fue un proyecto súper bonito y muy trabajoso. Por primera vez Maybelline NY se hacía cargo en España de una pasarela como esponsor y le daban la oportunidad de hacer su propio desfile. Además el Palacio de Cibeles de Madrid es tan bonito… A la hora de plantear el desfile hicimos que sería un look llevado al máximo para pasarela y cómo una chica de la calle lo puede adaptar a su vida. Cómo puede hacerlo con el material de Maybelline y al mismo tiempo seguir manteniendo esa tendencia de rojos, de dorados o de metálicos. Es complicado saber interpretar las tendencias, llevarlo al máximo y que sea bonito, que el look de alta costura fuera deseable. A nivel internacional también es al primera vez que se hace algo de este estilo. Nuestra la duda era saber si realmente iba a resultar interesante, si la gente repetiría en una segunda convocatoria.

Después de muchos años de parón has retomado la peluquería, ¿cómo te sientes en ese campo?

Al volver a Madrid he querido retomar el pelo. Me he dado un plazo de dos años, pero si en ese tiempo la peluquería frena mi carrera como maquillador lo dejaré. Mi vocación es el maquillaje, el resto es añadido. Si para ser buen maquillador tengo que saber de electricidad… me hago electricista.

Llevas ya un tiempo en Madrid, pero también has vivido durante mucho años en Londres, ¿con qué ciudad te quedas?

Haber vivido fuera me hace darme cuenta de que la ciudad que más me inspira es Madrid. Es una ciudad en la que si no estoy trabajando, tengo ganas de empezar. Eso en otras ciudades no me pasa, en Londres me apetece irme a Topman.

¿Tu nombre artístico viene entonces de la pasión que sientes por Madrid?

Realmente gato me pusieron cuando era pequeñito porque me subía a mi tejado a leer revistas. Cuando llegué a Barcelona mi amigo Lewis empezó a llamarme Gato, Gatiño y todo el mundo me decía así menos mi madre. En ese momento me pareció también muy bien a nivel estratégico porque nadie se llamaba así. Ahora mismo en el tema de redes sociales es como Gato MakeUp, porque gato… te aparecen gatos e Internet.

Eccola

Fotografías de Eugenia Soler.