No estoy hecha para practicar running. De verdad, y no será porque no lo haya intentado. He probado a vestirme con unos fabulosos legging deportivos, una camiseta monísima perfectamente coordinada y unas deportivas bicolor de marca cuidadosamente seleccionadas. Pero a los doscientos metros, mi cara estaba tan descompuesta que el uniforme, con tanto esmero elegido, resultaba, como poco, deslucido.

En otra ocasión me compré una de esas fundas que te permiten sujetar el smarthphone al antebrazo y escuchar música mientras trotas o lo intentas. Ni la lista de reproducción Running Hit de Spotify consiguieron que la velocidad de mis zancadas aumentara.

Desanimada y decepcionada por mi poca resistencia y mi falta de motivación ante la perspectiva de practicar deporte, decidí buscar alguna técnica que me ayudara a cambiar mi ritmo de vida.

Y lo encontré. Ahora practico electrofitness. ¿Electro qué? Sí, es mismo pensé la primera vez que escuché el nombre. Se trata de un sistema de electroestimulación que activa tus músculos y, en solo 25 minutos, te ayuda a esculpir tu cuerpo, a eliminar grasa y reducir celulitis, que eso tampoco viene nada mal.

Tenía ya mi cita reservada, así que al salir del trabajo, cargada con mi bolsa de deporte, me dirigí a uno de los centros Hedonai de la capital. Allí me recibió Iván Maestro, uno de los entrenadores personales de Hedonai Fit, y encargado de acompañarme en mi primera sesión.

De lo primero que me di cuenta fue que toda esa bolsa llena de ropa deportiva me sobraba. Ellos mismos te facilitan un traje de algodón para el entrenamiento, así como una toalla para que después puedas ducharte.

Ya con el traje puesto Iván me colocó un chaleco lleno de cables. He de decir que soy bastante histérica, así que me puse muy nerviosa y empecé a preguntarle si no me daría alguna descarga o algo parecido (un miedo de la infancia a los cables, pero eso es otra historia). Pero no. Si que es cierto que cuando se pone en marcha notas pequeños calambres y sensación de hormigueo por todo el cuerpo. Un poco desagradable al principio, pero te acostumbras fácilmente.

Después de 25 minutos de sentadillas, lunchs, movimientos de brazos y demás ejercicios, te sientes totalmente liberado. “Es como si hubieras hecho cinco horas de spinning”, me explica Iván mientras me ayuda a estirar, una parte fundamental del entrenamiento.

Para reponer fuerzas un batido proteico y listo, hasta la semana que viene. Lo recomendable es fijar una clase por semana y combinarla con una dieta, rica en proteínas y baja en hidratos, que ellos mismos te facilitan. Vaya, la solución perfecta para mis problemas con el running.

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Fotografías y vídeo de Eugenia Soler.