Encontrar pareja durante las vacaciones, los intercambios o los Erasmus es una de esas historias de película que muchos desean experimentar. Todo lo que hemos visto en el cine o nos han contado nuestros amigos suena deliciosamente exótico y el peor de los problemas parece el idioma. Sin embargo, cuando nos toca, el sueño deja de ser tan idílico, pues nos vemos inmersos en un romance con fecha de caducidad.

Las maneras de actuar en estos casos son diversas: la primera opción es arrancar la tirita de golpe para que no duela. Vamos, que os despedís entre flores, velas y besos ansiosos que prometen amor eterno, pero aquello no significó más que un rollo (muy apasionado, sí, pero sin mayor trascendencia). Cada uno en su casa y dios en la de todos.21_03_14_1

La segunda posibilidad, peliaguda donde las haya, consiste en mantener una relación a distancia. ¿Puede funcionar? ¿Vale la pena? Nadie tiene la respuesta definitiva. Al menos, las apps han facilitado esta circunstancia. Couple, como su nombre indica, está pensada únicamente para que la uséis vosotros dos. Swiitt sirve para planificar los viajes o espectáculos a los que asistiréis cuando os veáis. Path se usa para compartir pensamientos instantáneamente a través de imágenes, lugares que estás visitando o la música que estás escuchando. Todas son gratuitas y aptas para iOS y Android.

Algunas parejas optan por una relación abierta. Básicamente significa que, dado que estáis lejos y los ojos son jóvenes, podéis liaros con quien queráis mientras dure la lejanía–comentándolo o no con el otro- pero mantenéis una fidelidad emocional férrea.

Elijas o no la monogamia, existe un aspecto clave para este tipo de pareja: ¿habéis puesto fecha límite para reuniros definitivamente? Si, tras bastante tiempo (¿seis meses, un año?) no habéis hablado de qué va a ser de vosotros en el futuro, deberíais plantearos si lo vuestro va en serio o no. Vivir eternamente con un pie en cada país acaba costando mucho dinero y dolor de cabeza.like-crazy05

La cuestión del tiempo límite suscita, de nuevo, varias cuestiones: ¿quién se traslada? ¿Merece que me mude por él/ella? ¿Haría lo mismo por mí? Quién se muda suele discutirse en base al trabajo y situación económica de los implicados: si uno de ellos puede encontrar una ocupación similar en otro país, mientras que el otro está maniatado, la respuesta es sencilla. Claro que las circunstancias personales y familiares de cada uno son un mundo y también influyen. Al final, se mueve –o debería- quien tiene menos dificultad para hacerlo.

Que merezca o no la pena solo pueden averiguarlo los implicados. Si tienes muchas dudas, tal vez no os compense a ninguno de los dos. Si, por el contrario, confías ciegamente en que tu pareja se sacrificaría por ti de igual manera, y tu única incertidumbre es con qué compañía volar, no te lo pienses más.