Audrey Hepburn no se iba a dormir sin saborear primero una onza de chocolate. Incluso esos gramos de dulce encajaban en su finísima y estilizada figura. Su otra belleza, la humana, ha quedado retratada en Audrey at Home. Memories of My Mother’s Kitchen, un libro redactado por su hijo, Luca Dotti, acerca de los hábitos y trucos alimenticios de una de las mujeres más hermosas del planeta.

No se trata de un simple recetario sino, más bien, de un recopilatorio de anécdotas en el que amigos cercanos a Audrey, como Julie Andrews, Gregory Peck y Diana Ross, han puesto su grano de arena.

Sus secretos, como ella misma, son más sencillos de lo que uno se puede imaginar. La actriz nunca renunciaba al desayuno, que debía ser abundante y sano, bajo en calorías y alto en proteínas. Una vez al mes llevaba a cabo el Día de la Desintoxicación, consistente en un ayuno a medias a base de manzana y yogur por la mañana.gtres_a00144877_1290

A esta ventana a la vida de la artista belga se une una exposición de fotografías inéditas en el National Portrait Gallery de Londres (visible del 2 de julio a 18 de octubre), que cuenta con 30 imágenes de la colección personal de sus dos hijos, tanto Luca Dotti como Sean Hepburn Ferrer.

La muestra refleja no sólo la faceta de Audrey como mujer famosa, sino una parte más íntima, más joven, casi desconocida para el público general. También el manuscrito de Luca incluye fotografías inéditas, notas y recetas familiares escritas a mano por la propia Hepburn.

Audrey dio sus primeros pasos en las artes escénicas como bailarina de ballet. A los cinco años ya estaba en su primer curso. El destino quiso que saltara a la fama convertida en una joven e inocente princesa en Vacaciones en Roma (1953), o en una ambiciosa y divertida chica humilde con ansias de comprar todo Tiffany’s en Desayuno con diamantes (1961).gtres_u091545_017

A pesar de su indiscutible encanto, Hepburn era una mujer humilde a la que le costaba creerse su propia belleza y no entendía por qué se le adoraba tanto, como explicó su hijo Luca en una obra anterior, Audrey en Roma. Dedicó parte de su vida a realizar labores solidarias en Unicef: fue embajadora de la organización desde 1988 hasta su muerte, en 1993, y viajó alrededor de 20 países de todo el mundo. Tan sencilla como altruista era esta fair lady que hoy es ya más leyenda que icono.