Álvaro Urquijo no necesita presentación. Padres e hijos han vibrado durante años con las letras de sus canciones y su grupo, Los Secretos, es uno de los más importantes y conocidos de la movida madrileña. En su estudio, entre discos de oro e infinitas guitarras, Álvaro habló sobre su carrera, su presente y su futuro, y nos prestó historias en las que el amor, la música y la sensibilidad siempre estarán presentes.

¿Cómo surge la idea de Algo prestado?

Hace uno o dos años me preguntaron en una entrevista qué nos faltaba por hacer. No dudé un segundo, versiones. Me gusta escuchar la misma canción con una voz distinta, con un enfoque nuevo. Desde hace 35 años he colaborado en discos de otras personas, he tenido que aprenderme canciones de otros, adaptarlas a mi forma de cantar. Hay muchísimos artistas que hacen este tipo de trabajos. Bob Dylan tiene un disco en el que versiona a Jamer Taylor.

¿Hacían ustedes versiones de Bob Dylan al principio?

Sí, recuerdo una que se llamaba You ain’t going nowhere, aunque no sé cómo la traducíamos. Para cantar, componer o pensar en inglés hay que sentir en inglés, por eso siempre traducíamos las canciones. Hemos sido los precursores del castellano contra viento y marea.

¿Bueno todo suena mejor en inglés no?

Es el idioma de la música, es cierto. Las palabras se estiran, se escogen, son muy blandas, no tienen sonidos tan fuertes como la ‘g’ o la ‘r’. Tuve una conversación con un poeta que se llama Alberto Manzano, él me hizo entender que la métrica de la poesía suena muy bonita, pero a la hora de cantar todo cambia. En castellano tienes que darle mil vueltas para suavizarlo un poco, es mucho más rico fonéticamente, pero al introducirle música resulta mucho más duro. Nosotros apostamos por cantar en nuestra lengua porque pensamos que es imposible cantar con sentimiento si no eres inglés de nacimiento.

ls1Su vida está llena de momentos de parón, etapas en las que no paras ni un segundo…

Cuando estoy dos meses sin subirme a un escenario lo echo de menos. Es una forma de alimentar el ego, a lo mejor es una cursilada, pero vivimos de eso. Para mí el público es mi otra mitad. Es una relación llena de dependencia: quiero tenerlo, hacer cosas nuevas para sorprenderlas. Es como un novio que le quieres hacer un regalo bonito para que esté contento contigo porque te has portado mal.

¿Tal vez por eso prefieres conciertos en salas pequeñas en vez de grandes?

En realidad ha sido una obligación de nuestro volumen de funcionamiento. Somos un grupo que en vez de actuar una vez cada 15 o 20 días en un sitio grande, prefiere actuar 15 o 20 veces en sitios pequeños todos los días. Estamos celebrando el primer mes en dos años que estoy en mi casa. Normalmente estoy 4 de cada 7 días fuera, no es una cuestión de que en verano me vaya de gira. Pero bueno es una forma de vida.

¿Cómo sería posible hacer ahora esa música atemporal?

Antes intentábamos hacer cosas buenas, imitar a nuestros ídolos, intentar hacer canciones bonitas, ser muy exigente con nosotros mismos y, sobre todo, tener autocrítica y humildad. Pero ahora se ha dado la vuelta totalmente a la tortilla. ¿Qué hace falta para vender discos?  Ser un fenómeno mediático que se compone de tres elementos: el personaje, su video imagen y una canción mediocre. La gente tiene poca cultura musical. Los que componemos y hacemos canciones nos inspiramos en las canciones que nos gustan. Hacer buena música es una cuestión de criterio, de haber aprendido, escuchado mucho y tener imaginación. Y al que le guste le guste y al que no, no, esto no es democrático.

¿Qué supuso déjame para los secretos?

Déjame supuso un éxito, el primero, incluso antes de ser artistas profesionales porque esa canción se compuso en el 79. Ya era un hit en la radio siendo maqueta. La gente nos escuchaba en la radio, les gustaba e iban a vernos a los conciertos. Fue nuestra puerta de entrada en el mundo de la música, la que nos dio la oportunidad de enseñar otras muchas canciones. Tuvimos suerte porque a veces esa puerta permanece cerrada, por mucho talento que tengas, a menos que tengas un éxito comercial. Por eso mi hermano Enrique odiaba esa canción, pensaba que era muy comercial.

Nombras a tu hermano Enrique, la voz de Los secretos, ¿cómo fue el proceso de adaptación tras su muerte?

Hacía años que mi hermano Enrique no tocaba el bajo, lo dejó para centrarse en la voz. Cuando quitas al cantante, te das cuenta que la banda sigue sonando igual porque no falta nada más que la voz. Sustituimos la voz de mi hermano por la mía y su manera de componer por la mía. No tratando ni de superarle, y mucho menos de igualarle. Simplemente hicimos frente a los que había: mi hermano había muerto y nosotros queríamos seguir haciendo música.

¿Crees que tu hermano estuvo infravalorado como músico?

Creo que sí, según en qué sectores. En el mundo de las discografías, editoras, radios… este mundo comercial pop a mi hermano Enrique no le gustaba nada. Él ha sido muy reconocido después de su muerte, pero sé que no hubiera aceptado ciertos grados de popularidad. Casi somos más conocidos ahora que entonces. De hecho, yo culpo a la gente, en el buen sentido de la palabra, porque cuando se muere en este país es cuando empezamos a valorarle. Eso nos sirvió de ayuda en cierto sentido, su muerte nos salpicó a todos. Seguimos adelante e intentamos hacer las cosas bien para seguir agradando al público.

ls4¿Habéis influenciado en un montón de grupos, se siente eso como una responsabilidad?

Ser una influencia es un honor. Al contrario que muchos, nosotros no empezamos en la música con la idea de dedicarnos a esto, dejamos los estudios cuando no nos quedó más remedio y vimos que no podíamos compaginarlo. Mi padre no nos entendió, se preguntaba cómo íbamos a ganarnos la vida. Y todavía sigue pensándolo, aún me pregunta que por qué no me pongo a estudiar ahora.

Te dice cosas pero en realidad fue él quien os regaló la guitarra, ¿no?

Sí, mi padre es muy aficionado a la música y tenía un equipo en casa fuera de lo normal. En el coche también tenía un equipo estereofónico buenísimo, con un montón de cassettes. Le encanta la música clásica el jazz. Cuando éramos pequeños nos daba por Navidad 1000 pesetas a cada uno para que compráramos discos o libros, nos acostumbró bien. Más adelante nos regaló una guitarra. Recuerdo que él la toqueteaba un poco y nos la afinó por primera vez, pero cuando vio que la música se había apoderado de nuestra alma intentó rebobinar en el tiempo. Cortó los cables del equipo de música y metió la guitarra en un armario. Me hubiese encantado que nos hubiera ayudado. Pero lo entiendo, para mi padre fue un disgusto tremendo que sus tres hijos que iban al día en sus estudios los abandonaron. La que nos ayudaba era mi abuela, que tenía dinerillo y nos lo daba. Una vez nos dio 15.000 pesetas para comprarnos un amplificador, aunque ella no sabía ni para qué servía eso.

El amor está presenta en casi todas las canciones de los secretos ¿cómo vive y siente el amor los secretos?

Es una de las fuerzas de la vida, las emociones son lo que mueven el universo. Cuando los científicos hablan de las 4 fuerzas del universo hablan de la gravedad, la nuclear débil, la nuclear fuerte y el electromagnetismo, pero no se dan cuenta que falta la más importante, la vida. El amor es precisamente la realización de las bondades del ser humano, es decir, todo lo bonito de mi vida es amor: por mi hija, por mi mujer, por mi trabajo. Por otro lado está el miedo, lo demás son combinaciones de ambas. Miedo y amor, amor y miedo. Nuestra música canta canciones que son parte de la vida, incluso el dolor que sientes cuando sufres el desamor, esa sensación de abandono o la nostalgia…

¿Tiene fecha de caducidad los secretos?

Sí, porque cuando veamos que no estamos capacitados físicamente, que no podamos hacer un espectáculo bajo las condiciones mínimas, lo dejaremos. Pero mientras podamos hacer nuestro trabajo y sentirnos bien, seguiremos. Creo que la gente tendría que tener la dignidad de saber cuándo retirarse. Esa será nuestra fecha de caducidad.

ls3Edición de Mónica Montalvo y Regina Navarro.

Fotografías de Lisa Ceinos.